En este blog, la sexualidad se compone de todos los aspectos que nos proporcionan placer, gozo, y deseo..., donde la conciencia se funde al propio cuerpo y se realiza en una forma sublime de relación con los demás.
Uno de los elementos de la sexualidad es la genitalidad, pero el placer genital es apenas la punta del iceberg del verdadero y potente gozo sexual. Lo que sigue es un resumen de aspectos existenciales que ocurren en nuestras prácticas, en talleres y sesiones de entrenamiento sexual.
En el contacto esencial con otras personas es el primer requisito atender y abrir nuestra receptividad, y esto vale tanto para lo verbal como lo sexual. Ese foco de suspender todo mecanismo, todo argumento o juicio, y recibir la palabra, el roce o el movimiento del compañero es necesario para crear juntos un lenguaje que nos interpenetre en una renovación continua de la relación que hacemos juntos.
La creatividad y el gozo son esenciales a la sexualidad, sin ellos caemos en lo mecánico, lo compulsivo, lo forzado, la alienación o lo enfermizo.
En su matriz esencial la sexualidad siempre busca actualizar la apuesta por la vida, si fallan la creatividad o la comunicación puede caerse en formas brutales.
El placer, el gozo, la receptividad se originan en una actitud: la de entregarse espontaneamente a integrar nuestras sensaciones con nuestra identidad, y dejar que ésta última manifieste nuevos y frescos matices.
Y es esta entrega, un libre juego vivido donde nos importamos como prójimos, sensibles audaces motivados, un buceo en los origen de nuestro mas primigenio "yo soy y tu eres" para liberar el florecimiento de las corrientes de placer que logran recorrer todas nuestras fibras, recrear la realidad primordial al menos un instante.
El disfrute erótico, por su parte, es una focalización de los estímulos que avanza en el sentido de nuestros procesos orgánico-corporales. El placer suma un paso más al sumergirnos en la confianza hacia la experiencia sensible que vivimos acompañados, y más aún el gozo requiere compromiso en la relación.
Sin confianza, sin compromiso con la autenticidad del otro, no hay erotismo ni mucho menos gozo plenos. A veces sucede que se busca arrancar esa autenticidad al compañero humano y, por olvidar la receptividad, la escucha y la comunicación limitamos la corriente que inerva todos los niveles de organización de nuestro sistema nervioso y hasta podemos reactualizar un daño o trauma.
Sumando más ingredientes al gozo, hallamos el éxtasis, que nace de la integración total de nuestro cuerpo en la vivencia amorosa. Más aún, y finalmente, al atravesar nuestras identificaciones con el peso de nuestra historia personal y los prejuicios, deviene la suprema realización de la conciencia que se funde más allá de sus propios límites y el existir es en presencia de una infinita vitalidad.
Experiencias de este último tipo son referidas por ejemplo en el tantra, en el arrobamiento místico, en el amor noble y correspondido.
Para todos los mortales, entrenando podemos atravesar los condicionantes culturales y, en la propia persona, en las parejas, vivir la inmensidad y el multiorgasmo extático.
Vivir sexualmente a pleno... siempre es Humanizarse!
Mostrando entradas con la etiqueta tantra. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta tantra. Mostrar todas las entradas
lunes, 11 de agosto de 2008
TANTRA, algo de su historia
El tantrismo es una disciplina práctica, una filosofía y una cosmovisión que realizan la unidad fundamental y originaria del hombre y el universo, tanto en su aspecto material cuanto divino.
Pueden rastrearse tendencias tántricas en Assam, al sur de la India, ya desde el siglo V de nuestra era.
El surgimiento del tantra metódico ocurre en Cachemira, al norte de India, dentro de la cultura hindú del siglo IX de nuestra era, en particular dentro de la corriente Shivaíta de Cachemira, es decir el culto al Dios Védico Shiva.
Su soporte filosófico religioso son los versos sánscritos del Shiva Sutra y Spandakarika, y su ponente más importante es Abhinavagupta, quien escribió el Tantraloka (una enciclopedia de los métodos tántricos y de literatura). Durante siglos el Shivaísmo de Cachemira ha tenido lazos afines con ramas del Budismo, entre ellas del budismo tibetano.
Los Vedas son la obra literaria fundamental de los pueblos arios que desde el centro de Asia emigraron hacia occidente colonizando, entre otros territorios, la India. Tal migración masiva ocurrió hace unos 6000 años debido a la desertificación de las praderas que habitaban por los cambios climáticos originados en un leve calentamiento global de la atmósfera.
Las jefaturas tribales arias guerrearon entre sí por las conquistas emprendidas y ello ha quedado documentado en los escritos épicos védicos, su estructura social era patriarcal y vertical.
Tales obras contienen no sólo una descripción de la forma de vida y los acontecimientos históricos sino también los preceptos ético-morales, la filosofía y la organización social de la cultura dominante de aquellos tiempos.
Los Vedas, y el sincretismo con los pueblos originarios (sometidos por los arios) del subcontinente indio, pastores y agricultores con tendencias de organización matriarcales, han dado origen a la organización social hindú con sus castas y formas devocionales. Las prácticas religiosas, los principios ascéticos y purificatorios, y los métodos de realización personal, como son todas las formas de yoga, nutren sus raíces en su caudal histórico-social relatado por los Vedas.
El dios Shiva representa la conciencia en su forma suprema, la voluntad y el principio masculino. La diosa Shakti es la actividad, la energía, la receptividad, y en algunas escuelas la mujer que la representa es la fuente de iniciación de los dicípulos y sacerdotiza.
El eje esencial del conocimiento védico es el firme precepto de la unidad del universo, tanto en sus manifestaciones materiales, mentales, como divinas. Y la tarea del hombre es la plena realización de esta unidad en sí mismo y con la divinidad. En su misión trascendente, el practicante tántrico como el yogui reunen la dualidad esencial de la existencia (masculino, dios conciencia y femenino, diosa energia manifestada) en la unidad primordial suprema.
Este principio absoluto se derramó con la corriente aria por todos los pueblos asimilados en su migración, fundando sistemas ideológicos monoteístas y patriarcales.
Pueden rastrearse tendencias tántricas en Assam, al sur de la India, ya desde el siglo V de nuestra era.
El surgimiento del tantra metódico ocurre en Cachemira, al norte de India, dentro de la cultura hindú del siglo IX de nuestra era, en particular dentro de la corriente Shivaíta de Cachemira, es decir el culto al Dios Védico Shiva.
Su soporte filosófico religioso son los versos sánscritos del Shiva Sutra y Spandakarika, y su ponente más importante es Abhinavagupta, quien escribió el Tantraloka (una enciclopedia de los métodos tántricos y de literatura). Durante siglos el Shivaísmo de Cachemira ha tenido lazos afines con ramas del Budismo, entre ellas del budismo tibetano.
Los Vedas son la obra literaria fundamental de los pueblos arios que desde el centro de Asia emigraron hacia occidente colonizando, entre otros territorios, la India. Tal migración masiva ocurrió hace unos 6000 años debido a la desertificación de las praderas que habitaban por los cambios climáticos originados en un leve calentamiento global de la atmósfera.
Las jefaturas tribales arias guerrearon entre sí por las conquistas emprendidas y ello ha quedado documentado en los escritos épicos védicos, su estructura social era patriarcal y vertical.
Tales obras contienen no sólo una descripción de la forma de vida y los acontecimientos históricos sino también los preceptos ético-morales, la filosofía y la organización social de la cultura dominante de aquellos tiempos.
Los Vedas, y el sincretismo con los pueblos originarios (sometidos por los arios) del subcontinente indio, pastores y agricultores con tendencias de organización matriarcales, han dado origen a la organización social hindú con sus castas y formas devocionales. Las prácticas religiosas, los principios ascéticos y purificatorios, y los métodos de realización personal, como son todas las formas de yoga, nutren sus raíces en su caudal histórico-social relatado por los Vedas.
El dios Shiva representa la conciencia en su forma suprema, la voluntad y el principio masculino. La diosa Shakti es la actividad, la energía, la receptividad, y en algunas escuelas la mujer que la representa es la fuente de iniciación de los dicípulos y sacerdotiza.
El eje esencial del conocimiento védico es el firme precepto de la unidad del universo, tanto en sus manifestaciones materiales, mentales, como divinas. Y la tarea del hombre es la plena realización de esta unidad en sí mismo y con la divinidad. En su misión trascendente, el practicante tántrico como el yogui reunen la dualidad esencial de la existencia (masculino, dios conciencia y femenino, diosa energia manifestada) en la unidad primordial suprema.
Este principio absoluto se derramó con la corriente aria por todos los pueblos asimilados en su migración, fundando sistemas ideológicos monoteístas y patriarcales.
Etiquetas:
argentina,
arios,
cachemira,
cosmovision,
historia,
historia del tantrismo,
rituales tantra,
shakti,
shiva,
tantra,
unidad,
vedas,
vedico
El NUCLEO TANTRICO
La evolución del pensamiento védico en las escuelas tántricas definió el camino de realización del hombre por tres vías: la del esfuerzo individual en la concentración de su voluntad, la de la creación fenoménica en la manipulación de la energía, y la del rapto de conciencia en un desapego mediante el asombro libre de identificación.
La intención final es realizar la conciencia libre de objetos, indiferenciada, vacía, sin identificación alguna y con fluencia libre de la energía fenoménica.
Los métodos para tal purificación son sumamente diversos, y en algunas escuelas extremos y peligrosos.
La inmersión del hombre/mujer en los métodos tántricos, es ni más ni menos el empuje al gozo y al ejercicio de sus cualidades sensitivas, corporales y emotivas, pero con plena lucidez y conciencia de tales actos, no sólo como bien en sí sino también como la oportunidad de realizar las esencias inmanentes en las formas del universo material reconocido por el cuerpo humano.
Tal inmersión, hasta lo más sentido, acarrea el peligro de la identificación y la entrega a las formas más sabrosas, que obnubilan la conciencia en el deseo. El practicante ha de entrenarse en satisfacer estímulos que despierten su conciencia manteniéndose libre del apego a los mismos.
La exploración del mundo y el gozo siguen manteniendo el ideal yóguico de liberación, y por no recurrir a la negación o abstención (propuesta de los otros yogas) conllevan el arma de doble filo, esto es, que en la forma de éxtasis el ego sea recreado en su identidad arrastrando a la conciencia a su egoforma estimulada, y sucumbiendo ante él ya opaco el universalismo.
A nivel de la anatomía energética humana de inspiración védica, al yogui tantra expande su conciencia a través de los sentidos sin descuidar la trascendentalización de la Kundalini, y tal “ascensión” es lograda reuniendo las conciencias parciales en el estado supremo de la “conciencia del corazón”.
Allí es donde la conciencia inteligente y la conciencia sensible se funden en una presencia en toda forma de manifestación humana, en todo el espacio corporal humano y en toda relación compartida, sexualmente o no, con otros seres humanos.
La intención final es realizar la conciencia libre de objetos, indiferenciada, vacía, sin identificación alguna y con fluencia libre de la energía fenoménica.
Los métodos para tal purificación son sumamente diversos, y en algunas escuelas extremos y peligrosos.
La inmersión del hombre/mujer en los métodos tántricos, es ni más ni menos el empuje al gozo y al ejercicio de sus cualidades sensitivas, corporales y emotivas, pero con plena lucidez y conciencia de tales actos, no sólo como bien en sí sino también como la oportunidad de realizar las esencias inmanentes en las formas del universo material reconocido por el cuerpo humano.
Tal inmersión, hasta lo más sentido, acarrea el peligro de la identificación y la entrega a las formas más sabrosas, que obnubilan la conciencia en el deseo. El practicante ha de entrenarse en satisfacer estímulos que despierten su conciencia manteniéndose libre del apego a los mismos.
La exploración del mundo y el gozo siguen manteniendo el ideal yóguico de liberación, y por no recurrir a la negación o abstención (propuesta de los otros yogas) conllevan el arma de doble filo, esto es, que en la forma de éxtasis el ego sea recreado en su identidad arrastrando a la conciencia a su egoforma estimulada, y sucumbiendo ante él ya opaco el universalismo.
A nivel de la anatomía energética humana de inspiración védica, al yogui tantra expande su conciencia a través de los sentidos sin descuidar la trascendentalización de la Kundalini, y tal “ascensión” es lograda reuniendo las conciencias parciales en el estado supremo de la “conciencia del corazón”.
Allí es donde la conciencia inteligente y la conciencia sensible se funden en una presencia en toda forma de manifestación humana, en todo el espacio corporal humano y en toda relación compartida, sexualmente o no, con otros seres humanos.
Etiquetas:
filosofia,
metodo,
sexo tantra,
tantra,
tantra sexual,
tantrismo
pulsos culturales nuestros: NEOTANTRA
Particularmente los sincretismos del tantra en nuestra cultura, llamados neotantra, se logran por paralelos culturales que permiten nuestra asimilación de conceptos exotéricos pertenecientes a la visión védica.
Tomemos como ejemplo la concordancia de los relatos anímicos acerca de la “gracia” cristiana en la redención por medio del Espíritu Santo, con el rapto súbito de iluminación de la conciencia en los instantes de suspensión del ego, por efecto de la contemplación de la fenomenología energética.
O el concepto de suprema felicidad en el alegórico paraíso, donde se disfrutan de todos los placeres en el sin tiempo, contrastados con la felicidad pura de la unidad de la conciencia donde todos los gozos son posibles sin mancha de corrupción.
Otros conceptos estructurales son la unitariedad divina universal, y su concepción triádica.
No está demás señalar las coincidencias éticas entre cristianismo y tantrismo, esto es, en la igualdad de los hombres, la dignidad por igual del hombre y la mujer, la homogeneidad de la humanidad ante Dios, la realización de la trascendencia o el reino de los cielos en esta misma vida, y la buenaventura.
Otro soporte de nuestra cultura occidental hacia las ideas tántricas es dado por la concepción romana antigua del cuerpo, las actividades y el placer del vivir pragmático del cual somos herederos.
El pueblo romano exaltaba las actividades prácticas de la vida cotidiana hasta las alturas de transformarlas en dioses con personalidades definidas, a los cuales en cada hogar se rendía culto.
Esta deificación de las actividades productivas del ciudadano romano antiguo se conserva en la cultura occidental en la mística del sabedor de técnicas y profesión. Aquí es valorada la inmersión en el mundo para transformarlo y ser transformado por la experiencia. Es este compromiso y fusión de la experiencia en el mundo lo que el devoto shivaíta goza en su realización del asombro, de la vía inmediata fulgurante, tal como Shiva hace en su unión suprema con Shakti, metáforas devocionales del interjuego conciencia-fenomenología pura.
Como si fuera poco, también con las herencias bizantinas llegan a nosotros el acervo de humanismo, gozo estético y refinamiento del placer para la gloria y regocijo de la creatividad humana como bien en sí misma. El tantra considera que los sentidos y las funciones corporales existen para la realización total del hombre en la unidad de su conciencia y su experiencia, al igual que en el crisol de la identidad originaria del cosmos todo, y en el interior de la deidad misma.
Si nos remontamos a nuestra Edad Media veremos paralelismos entre los preceptos alquímicos y el tantra, donde la transformación de la materia (la experiencia corporal en el caso del tantra) busca en realidad ser soporte de la transformación del estado espiritual del maestro mediante la concentración en las manipulaciones fenoménicas, y las iniciaciones esotéricas por ritos de trascendencia espiritual.
Con estos legados culturales en nuestras mentes, no es extraña la incursión de nuestras vanguardias en la vivencia neotántrica seria, donde se hallan aguas de exotismo y liberalidad que impulsan a la renovación.
Pero insistamos suficientemente, es necesaria una decisión existencial firme que afecte la totalidad de la vida personal para comprender y vivenciar un poquitín, por pequeño que sea, del sistema esotérico tántrico.
Tomemos como ejemplo la concordancia de los relatos anímicos acerca de la “gracia” cristiana en la redención por medio del Espíritu Santo, con el rapto súbito de iluminación de la conciencia en los instantes de suspensión del ego, por efecto de la contemplación de la fenomenología energética.
O el concepto de suprema felicidad en el alegórico paraíso, donde se disfrutan de todos los placeres en el sin tiempo, contrastados con la felicidad pura de la unidad de la conciencia donde todos los gozos son posibles sin mancha de corrupción.
Otros conceptos estructurales son la unitariedad divina universal, y su concepción triádica.
No está demás señalar las coincidencias éticas entre cristianismo y tantrismo, esto es, en la igualdad de los hombres, la dignidad por igual del hombre y la mujer, la homogeneidad de la humanidad ante Dios, la realización de la trascendencia o el reino de los cielos en esta misma vida, y la buenaventura.
Otro soporte de nuestra cultura occidental hacia las ideas tántricas es dado por la concepción romana antigua del cuerpo, las actividades y el placer del vivir pragmático del cual somos herederos.
El pueblo romano exaltaba las actividades prácticas de la vida cotidiana hasta las alturas de transformarlas en dioses con personalidades definidas, a los cuales en cada hogar se rendía culto.
Esta deificación de las actividades productivas del ciudadano romano antiguo se conserva en la cultura occidental en la mística del sabedor de técnicas y profesión. Aquí es valorada la inmersión en el mundo para transformarlo y ser transformado por la experiencia. Es este compromiso y fusión de la experiencia en el mundo lo que el devoto shivaíta goza en su realización del asombro, de la vía inmediata fulgurante, tal como Shiva hace en su unión suprema con Shakti, metáforas devocionales del interjuego conciencia-fenomenología pura.
Como si fuera poco, también con las herencias bizantinas llegan a nosotros el acervo de humanismo, gozo estético y refinamiento del placer para la gloria y regocijo de la creatividad humana como bien en sí misma. El tantra considera que los sentidos y las funciones corporales existen para la realización total del hombre en la unidad de su conciencia y su experiencia, al igual que en el crisol de la identidad originaria del cosmos todo, y en el interior de la deidad misma.
Si nos remontamos a nuestra Edad Media veremos paralelismos entre los preceptos alquímicos y el tantra, donde la transformación de la materia (la experiencia corporal en el caso del tantra) busca en realidad ser soporte de la transformación del estado espiritual del maestro mediante la concentración en las manipulaciones fenoménicas, y las iniciaciones esotéricas por ritos de trascendencia espiritual.
Con estos legados culturales en nuestras mentes, no es extraña la incursión de nuestras vanguardias en la vivencia neotántrica seria, donde se hallan aguas de exotismo y liberalidad que impulsan a la renovación.
Pero insistamos suficientemente, es necesaria una decisión existencial firme que afecte la totalidad de la vida personal para comprender y vivenciar un poquitín, por pequeño que sea, del sistema esotérico tántrico.
Etiquetas:
argentina,
cristianismo,
cultura,
historia,
neotantra,
neotantrismo,
sexo,
tantra
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
